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Las mujeres deben contentarse con su lengua natal

  • Foto del escritor: yael barcesat
    yael barcesat
  • 11 ene
  • 9 Min. de lectura

 

Entre los Tuareg, las mujeres son las guardianas de la lengua originaria y las que transmiten su conocimiento. Sólo los varones pueden hablar otras lenguas, las mujeres preservan y hablan únicamente su idioma. Esta particularidad, vista superficialmente con lentes occidentales, puede ser tachada de injusticia: sólo los varones pueden hablar otras lenguas, las mujeres deben contentarse apenas con su lengua natal. La tentación de las clases ilustradas y de los colonizadores de todas las épocas es considerar que se viene a liberar a un pueblo, o a un sector oprimido. Sin embargo el gen del imperialismo está presente cada vez que consideramos que la emancipación tiene una dirección única, en este caso hacer que las mujeres targia[1] salgan de la tienda y permitirles hablar otras lenguas.

Solo que la equidad no puede ser trasladada en tiempo y espacio sin hacer las debidas traducciones. Si no las hacemos, corremos el riesgo de pensar que lo mejor para nosotras es lo mejor para todas las mujeres de todo el planeta. Dar por sentado un sometimiento es tan problemático como dar por sentado cuál es el rumbo hacia la emancipación.


La tentación de las clases ilustradas y de los colonizadores de todas las épocas es considerar que se viene a liberar a un pueblo, o a un sector oprimido.

A nivel micro, considerar que lo mejor para mí es lo mejor para mis semejantes implica desenfundar una aplanadora conceptual que puede terminar en el desafortunado escenario de salir a defender a quien está muy a gusto con su situación vital, y que probablemente termine volviéndose en nuestra contra. Es la consecuencia inevitable de esgrimir una superioridad moral que despoja a la otra persona de su capacidad de juicio, e incluso de un uso más astuto del que imaginamos de los mecanismos de opresión con los que aprendió a convivir.

¿No hay esperanza entonces en cuanto a la fundación de una comunidad sin opresión de los unos sobre los otros? Para responder esto precisamos hacer el ejercicio de transformar dos variables: 1). los dispositivos que objetivamente favorecen la opresión (la escuela, el matrimonio, las instituciones en que se establecen relaciones jerárquicas opresivas) y 2). nuestra mirada sobre las reglas, cuya construcción gregaria puede ser tan condicionante como posibilitadora de libertades.


Mirando desde afuera de la tienda a las mujeres targia, no entendemos nada. Hay normatividad, pero cuando no sigue las lógicas patriarcales que sabemos leer muy fácilmente, no la entendemos, o pasa desapercibida, o la juzgamos apresuradamente, porque no disponemos del código.

Me gusta la propuesta de la filosofía de la diferencia del Gilles Deleuze para entender cómo las normas de una comunidad se construyen.

La filosofía de la diferencia parte de un punto que es que ninguna realidad es idéntica a su explicación, que toda realidad no es homogénea, toda realidad es una heterogeneidad consigo misma.


Mirando desde afuera de la tienda a las mujeres targia, no entendemos nada.

Esta visión parte de que la realidad es un conjunto de fuerzas que están interviniendo constantemente. En esto, Deleuze se basa en otro pensador llamado Gilbert Simondon, que hizo su tesis doctoral y después no escribió más nada que no fuera para explicar esa tesis doctoral, en toda su vida. Es una tesis muy compleja que aúna biología, matemática y filosofía, y que muchos pensadores después tomaron. Él propone interpretar la realidad como un conjunto de fuerzas que se relacionan y que tienen una problematicidad que encarna en la materia de alguna manera.


Esa problematicidad encarna en un mineral, en una roca. A partir de que hay problemas en esa roca, eso permite “la evolución” o el pasaje a un vegetal, algo que ya opera un intercambio con su entorno, que se alimenta, que se regenera, que va mutando de varias maneras. Y cuando los problemas ya no se contienen en esa materialidad, que es un vegetal, exceden y desbordan, ahí aparecen otras formas de existencia y aparece un plano emocional y eventualmente una mente.

Nunca esas encarnaciones o materializaciones son la respuesta definitiva al problema, porque continúan ocasionando problemas. Y los problemas siempre están en las márgenes, produciendo, tendiendo a crear nuevas encarnaciones y materializaciones que producen otros problemas.


En esta visión de Simondon basa Deleuze para empezar a pensar la filosofía de la diferencia. Se llama “extensión” a la materialización de un problema. Y lo que está por detrás, por dentro, estas fuerzas son el nivel “intensivo”. Entonces, a nivel extensivo se da una solución momentánea al problema que se plantea a nivel intensivo en este conjunto de fuerzas.


Es una noción problemática de lo real. Y como problematicidad, tiende a extenderse, a crecer, tiende a ocupar todo aquello de lo que sea capaz. Este es el funcionamiento interno de la physis para Simondon, la naturaleza y todo lo que existe contiene estos problemas en sí. Y eso es lo que hace que la naturaleza sea autopoiética, que se cree a sí misma.


Las propias cosas son fuerzas: a nivel intensivo tenemos fuerzas en relación, a nivel extensivo tenemos cosas.


Deleuze se para en los hombros de Simondon para preguntarse, amasar, digerir, transformar  y ofrecer un concepto después: lo real de este juego de fuerzas es la relación. No se reduce a la suma de las fuerzas, sino a la afectación recíproca, a la transformación mutua.


Entre vos y yo hay un vínculo, hay una relación, esa relación necesariamente afecta tanto a una como a otra, de forma tal que yo no puedo más ser yo cuando estoy con vos y vos no podés más ser vos cuando estás conmigo.

Esto podemos observar si aislamos y tomamos para el experimento la relación entre dos personas, pero ¿quién es esa unidad mínima llamada persona? porque yo también me relaciono con Juana, con María y con José que a su vez también son un cúmulo de relaciones en transformación constante...


...de forma tal que yo no puedo más ser yo cuando estoy con vos y vos no podés más ser vos cuando estás conmigo.

La unidad mínima de estudio deja de ser la persona y pasa a ser la relación. Buscando la mejor forma de explicar esto di con un ejemplo que ofrece Luis Sáez Rueda, un profesor de filosofía español, para explicar la filosofía de la diferencia de Deleuze: él toma un nadador y el mar, aislando al nadador en relación  no con todo el mar, sino con una ola. El nadador está regido por fuerzas de causa y efecto. La ola está regida por fuerzas de causa y efecto. ¿Cuáles son las leyes que rigen a la ola? La luna, el viento, el movimiento de las capas tectónicas, todo esto influye sobre cómo va a ser esa ola, pero cuando ola y nadador se encuentran, la ley de causa y efecto da paso a la ley de la relación. Se establece entonces otro tipo de orden.


La unidad mínima de estudio deja de ser la persona y pasa a ser la relación.

Hay un primer paso en que la ola afecta al nadador, impacta de lleno en ese nadador. Ese nadador mueve su brazo para producir un efecto que, piensa, va a permitirle volver a sacar la cabeza hacia afuera. La ola entonces es afectada por ese movimiento, lo cual se suma a las propias afectaciones que la están determinando tal como ella es: la luna, el movimiento tectónico, el viento… y entonces devuelve al nadador algo que ya está contaminado por ese vínculo con él, que a su vez devuelve otra fuerza que va a afectar nuevamente a la ola.

Deleuze llama a eso “síntesis disyuntiva”, en el sentido de que es el conjunto de las relaciones que están constantemente emergiendo, naciendo todo el tiempo, produciéndose de manera sui generis en función de los movimientos inusitados de cada ola y nadador, basados en esa afectación por el otro, pero también basados en sus propias leyes internas de causa y efecto.


Nuestro vínculo tiene cierta normatividad, se sigue que tiene ciertos padrones, pero al mismo tiempo estos están constantemente surgiendo y muriendo, están siendo todo el tiempo modificados. Es un código que no es un código, porque no es previo, no está escrito. Esa normatividad que no podemos conocer de antemano, pero que sí podemos adivinar, porque de alguna manera conseguimos nadar en el mar y conseguimos más o menos entender cómo va a ser nuestro vínculo, ese nuevo orden endoconsistente es llamado diferenciante, o síntesis disyuntiva.


Yo no tengo el manual de instrucciones para relacionarme con vos. Necesito esta permeabilidad para descubrir cómo la ola me afecta y cómo yo afecto a la ola y esto es un precursor oscuro. El precursor oscuro es esta particularidad que tiene esta normatividad de estar surgiendo a cada momento. No existía antes, pero al mismo tiempo hay algo que nos determina. Luis Sáez Rueda da el ejemplo de cuando estamos viendo una serie y, después de perder veinte capítulos, volvemos a entrar y no importa, está todo claro porque cada vínculo, cada relación, todo sigue su propia lógica interna.


Yo no tengo el manual de instrucciones para relacionarme con vos.

Entendemos esta lógica, esta normatividad, la adivinamos, por más que no sea explícita, y que no siga unos patrones rígidos. Hay un orden, pero es una instancia paradójica, porque es un orden que constantemente está emergiendo y está muriendo. No es un caos, pero tampoco es una ley, por eso Deleuze lo llama caosmos.


“Así se explicará la unidad variable y relativa de tal o cual fenómeno. Todo fenómeno es colectivo, como un rebaño, un ejército o un arcoíris”[2]. Evidentemente la colección de pequeñas percepciones no tiene unidad, pero recibe una unidad mental de las relaciones diferenciales que se ejercen y del grado de determinación recíproca de esas relaciones.



Yo soy una unidad, soy un conjunto de órganos, por ejemplo. Pero ese conjunto de órganos que tienen sus leyes de causa y efectos, cuando se relacionan entre sí, producen otras lógicas. Se puede vislumbrar las repercusiones que esto puede tener incluso en la manera de hacer medicina, porque yo puedo prestar atención a este tipo de conocimiento, que es el de las leyes intrínsecas de cada órgano, y puedo especializarme en la piel y ser un médico de piel, o puedo estar atento a la diferencia, a las relaciones diferenciales entre todo lo que nos compone. En esa instancia dejo de ver órganos y de apreciar una organización jerárquica entre ellos: el corazón, el cerebro... Porque lo único que tengo son relaciones, entonces no me sirve la salud o perfección de un órgano, sino su relación con lo que le rodea, con aquello con lo cual se relaciona. Y todo el tiempo estuvimos pensando en relaciones entre dos miembros, pero ahora esas relaciones se relacionan con otras relaciones, o sea síntesis disyuntiva de síntesis disyuntiva de síntesis disyuntiva.


Porque lo único que tengo son relaciones, entonces no me sirve la salud o perfección de un órgano, sino su relación con lo que le rodea, con aquello con lo cual se relaciona.

No hay una determinación completa pero tampoco hay una arbitrariedad. La ley es el encuentro mismo, encuentro que en un momento se vuelve precursor. Un sistema biológico o social no tiene que ser cerrado por ser un sistema, puede ser un sistema y también ser abierto. El orden interno de un sistema se transforma cuando se abre, y la relación será aún más compleja al sumar más sistemas abiertos.


Para complicar aún más, contemplemos desde este punto de vista las identidades: nosotros tenemos una visión muy identitaria, percibimos los objetos aislados unos de otros, forma de percepción que tal vez haya sido un resultado evolutivo que en algún momento nos funcionó mejor, entender que acá hay un continente y acá hay un contenido, pero ¿ dónde trazamos el límite?

Porque si nos vamos a las partículas subatómicas hay otras lógicas; todo está interconectado y entrelazado. Entonces, no solamente los sistemas, sino las identidades también son un recorte.


Volviendo a la cuestión inicial de las mujeres targia y de cómo puede ser vista la norma de sólo hablar la lengua tiginagh, en esta primacía de la relación tal vez logremos vislumbrar cómo una normatividad que se construye en base a síntesis disyuntiva de síntesis disyuntiva a lo largo de milenios puede tener su sentido que escapa a nuestro entendimiento occidental, con tendencia a la desmemoria.

Escribo y todo el tiempo me acuerdo de lo que me enseñó mi profesor DeRose, que la propuesta de conducta más desrepresora que caracteriza al matriarcalismo tiene sus reglas, y que es gracias a ellas que puede existir.

Pero ¿cuáles son esas reglas? Si estuvieran escritas ya no nos servirían tanto porque otra vez inmovilizarían un flujo que es constantemente cambiante. Cuando nosotros hablamos de matriarcalismo y pensamos en la madre, no podemos evitar pensar en nuestra madre, la madre de nuestra madre y toda una tradición de madres que son hijas de un mundo con estructuras fuertemente patriarcales. Reclamamos el manual de instrucciones, porque es difícil salir de esa genealogía y entonces queremos ver las reglas escritas y queremos encontrar lo matriarcal en lugares conocidos.


Pero ¿cuáles son esas reglas? Si estuvieran escritas ya no nos servirían tanto porque otra vez inmovilizarían un flujo que es constantemente cambiante.

Es un buen momento para leer nuevamente a Deleuze, en un texto que habla también de un nadador y una ola, pero no los mismos que antes trajimos a colación.


“El movimiento del nadador no se parece al de la ola y precisamente los movimientos del profesor de natación que reproducimos sobre la arena no son nada con relación a los movimientos de la ola que sólo aprenderemos a evitar cuando los captemos prácticamente como signos. Ese es el motivo por el cual es tan difícil explicar el proceso del aprendizaje. Hay una familiaridad práctica innata o adquirida con los signos que convierte toda educación en algo amoroso pero también mortal.”[3]'


Los signos como fuentes de significado son considerados algo amoroso pero también mortal, porque hay prueba y error involucrados en ese proceso. Y siembre va a haber error, porque necesitamos poner las manos en la masa.

“No aprendemos nada con aquel que nos dice “haz como yo”. Nuestros únicos maestros son aquellos que nos dicen, “haz junto conmigo”. Y que en lugar de proponernos gestos que debemos reproducir, supieron emitir signos susceptibles de desarrollarse en lo heterogéneo.”[4]


Es decir, que pudieron emitir otros significados, sumar más ruido. En el proceso de aprendizaje, yo tengo muchos significados y necesito entenderlos. El maestro viene y suma más ruido a eso, suma sus propios signos en vez de traducir y explicar.


Yael Barcesat


[1] Adjetivo gentilicio con que se nombra a las mujeres de las tribus Tuareg.

[2] Gilles Deleuze, “El pliegue”.

[3] Gilles Deleuze, “En medio de Spinoza”.

[4] Ibídem.

 
 
 

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